
Los niños y jóvenes ejercitan el aprendizaje de
conocimientos innecesarios sólo para estimular su desarrollo
anátomo-fisiológico.
Cuando la curiosidad juvenil
no encuentra respuestas, ese hueco, (el de la pregunta, el de la inquietud, el
de la ansiedad investigadora), se rellena tranquilizadoramente con alguna
hipótesis inventada por el joven inquieto.
Este relleno artesanal,
generado por la pasión infantil, muy probablemente sea precario dada la escasa
experiencia del «pequeño investigador» y el subdesarrollo neuronal propio de la edad
(entre 3 y 25 años).
No responder a las preguntas es fatal, es enterrar una «mina
anti-persona», es sembrar la desconfianza, el recelo, la suspicacia entre las
nuevas generaciones.
Pero no estoy acá para acusar a quienes no responden, porque antes que
nada supongo que no lo hacen porque no saben qué responder.
En todo caso intentaré compartir con ustedes algunos comentarios que
podrían servir como respuestas adultas a esas preguntas juveniles.
Para la explicación de por qué existe la prohibición del incesto (1) he
comentado en varios artículo que no fue creada porque la descendencia sería
deforme, monstruosa ni enfermiza sino que el motivo, por ejemplo, pudo haber
sido originado porque cuando se legisló se entendió que solo una prohibición de la sexualidad
podía estimular al máximo las acciones reproductivas, puesto que los humanos
nos sentimos estimulados con las prohibiciones.
Otra pregunta que suele no tener respuesta de los adultos
proviene de los alumnos que no quieren enterarse de ciertos conocimientos que
suponen eternamente inútiles para ellos, dados sus proyectos de vida imaginados
durante la etapa estudiantil.
Una explicación posible a esta inquietud podría consistir en
explicarles que no son los conocimientos los que necesitarán sino las funciones
de aprendizaje que tendrán que desarrollar para poder aprenderlos.
Por ejemplo, practicamos gimnasia para estimular el
desarrollo anátomo-fisiológico y no para correr cuando lleguemos tarde.
(Este es el
Artículo Nº 1.733)
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