viernes, 11 de abril de 2014

No sabemos por qué está prohibido el incesto


Cuando encuentre alguna explicación sobre la prohibición del incesto tenga en cuenta que es una hipótesis, solo una hipótesis: no es la verdad.

Para los niños y los animales, el incesto no existe. Mejor aun: para la Naturaleza no existe el incesto. Las especies se reproducen juntándose un macho con una hembra, en ciertas épocas, cuando las hembras lo determinan (período de celo, período de ovulación).

Por lo tanto, la prohibición del incesto es un producto de las culturas. El hecho de que en casi todas las culturas, (dije ‘casi todas’, no dije ‘todas’), esté presente esta norma no asegura que sea correcta, ni mucho menos natural.  

Cuando los adultos observan los deseos eróticos de los niños hacia familiares directos (padres, hermanos, tíos), entran en pánico.

Un adulto en estado de pánico puede hacer cualquier desastre porque se vuelve loco. Los escándalos que ocurren dentro de las familias por este tipo de reacciones neuróticas graves (el pánico por el posible incesto), suelen ocultarse de forma categórica.

«De esto que pasó no se habla más ¿quedó claro?», dice alguien con suficiente poder y todo el mundo acata sin chistar porque, lo que ocurrió fue gravísimo.

En realidad no ocurrió, ni estuvo a punto de ocurrir, nada que esté fuera de las normas de la Naturaleza. Nadie es un desnaturalizado, solo la visión cultural lo considera aberrante.

La locura de los adultos, aterrados por lo que ocurrió o casi ocurre, es contagiosa y deja marcas imborrables en el inconsciente de quienes viven la situación. Como esta tragedia debe ocultarse, parece caer en el olvido pero algo significativo queda activado: el pequeño que actuó naturalmente se quedará con la sensación de que su instinto lo traicionó, lo indujo a querer hacer algo terriblemente prohibido, que le acarreó gritos, insultos, golpes, penitencias, condenas, sanciones, reprobación, gestos de furia y de desprecio.

Pero todo esto solo sería grave si no fuera porque además el pequeño no recibe ningún tipo de explicación que pueda comprender. Por no recibir ninguna explicación que él pueda entender, el hecho se convierte en gravísimo.

Estas situaciones que ocurren en casi todas las familias, se viven con honda mortificación. El secreto familiar hace que cada uno se sienta el único ser monstruoso del planeta. El golpe que recibe sobre su autoestima es feroz. La obligación de olvidar convierte a esta historia universal en un sentimiento vitalicio de calvario personal.

Ni yo ni nadie sabe por qué existe la prohibición del incesto y sus lamentables consecuencias.

Recuerde esto: cuando encuentre alguna explicación sobre la prohibición del incesto tenga en cuenta que es una hipótesis, solo una hipótesis: no es la verdad.

(Este es el Artículo Nº 2.192)


sábado, 8 de marzo de 2014

Vestimenta y población mundial


Si por algún motivo a los humanos se nos ocurriera enlentecer el crecimiento demográfico sería esperable que la desnudez se convirtiera en moda.

No creo que exista otro animal, grande como los humanos, que tenga una población tan abundante como la nuestra: somos 7.000 millones de ejemplares.

Hago énfasis en el tamaño porque los roedores, los insectos, los microbios, seguramente son muchos más.

Dando por aceptada esta afirmación, me pregunto cómo hicimos para llegar a este dominio, siendo que somos tan débiles, prematuros y dependientes.

Propongo una sola idea aunque manifestada por dos ejemplos. Somos tantos por nuestro apego a lo prohibido.

Efectivamente: La prohibición del incesto quizá sea la causa de la que menos se habla. El incesto es un tabú, tanto para practicarlo como para hablar de él. Por ese motivo somos tan prolíficos y amantes de copular.

La prohibición de mostrarnos sin ropas quizá sea la causa de la que mucho se habla pero sin considerarla como un factor que favorece la conservación de la especie.

Obsérvese que cuando estamos más desvestidos, cubrimos los genitales y, en la mujer, los senos, por tratarse de algo intensamente asociado a nuestra primera infancia.

No poder ver ni los genitales de ambos sexos ni los senos es algo tremendamente erótico. Si los viéramos continuamente perderíamos casi todo el interés por ellos y, me animo a pronosticar, no seríamos 7.000 millones sino muchos menos.

También me animo a pronosticar algo más: si por algún motivo a los humanos se nos ocurriera enlentecer el crecimiento demográfico sería esperable que la desnudez se convirtiera en moda.

(Este es el Artículo Nº 2.157)


Sobre demonios interiores y consumismo

El dinero no es diabólico. Es para evitar los demonios interiores que tanta gente trabaja, ahorra y consume obsesivamente.

Hay quienes se empeñan en vivir sin dinero.

Consideran que este instrumento de canje, esta mercadería polivalente, esta especie de comodín que todos aceptan en cualquier intercambio, genera una especie de maleficio que nos hace perder la cabeza, nos esclaviza, corrompe, envilece.

Muchas personas piensan esto y no me animaría a decir que están equivocadas, pero sin embargo propondré otra explicación de por qué el dinero parece diabólico.

¿Alguna vez oyó hablar de los demonios interiores?

Son una representación fantástica de los remordimientos, de los recuerdos tristes, perturbadores, de las ideas persecutorias, de los impiadosos deseos de venganza. También son las ideas fijas, las preocupaciones, los celos incendiarios, los deseos prohibidos de incesto o los socialmente condenados de homosexualidad. Dichos demonios interiores también son el miedo a enloquecer, a contraer una enfermedad grave, terminal o invalidante; se incluyen los miedos a ser abandonados por un ser querido, a caer en la ruina económica, a  cometer una locura (tirarnos por una ventana, embestir a un peatón, matar a un niño).

Ahora volvamos al deseo de eliminar el dinero porque parece diabólico.

Antes del dinero está el tiempo trabajado. El dinero es trabajo: no es otra cosa. Tiempo ocupado en producir.

Como ya habrá adivinado, mi hipótesis consiste en pensar que los demonios interiores se desatan, atacan y molestan cuando no estamos entretenidos, ocupados, atentos a alguna tarea. Es el aburrimiento lo que habilita la esclavitud a los horrores diabólicos, no el dinero.

Mientras estamos ocupados (produciendo dinero), los demonios no molestan. Por este motivo muchas personas no quieren tomarse vacaciones: temen enloquecer.

El consumismo y la avaricia no son enfermedades en sí mismas, son un recurso utilizado por quienes no se animan a estar solos consigo mismos. Quienes conviven pacíficamente con sus pensamientos, pueden ser haraganes, ascetas, ermitaños, austeros, sobrios, frugales, nunca ahorrativos, nunca avaros ni consumistas.

(Este es el Artículo Nº 2.111)


lunes, 27 de enero de 2014

La prohibición del incesto es excepcional


La prohibición del incesto es una excepción a la regla de que las prohibiciones son contraproducentes.

En otro artículo (1) les comentaba que la violencia es tan barata como ineficiente.

Hoy agrego: es ineficiente para lograr los objetivos que directamente parece proponerse pero es muy eficiente para generar los fenómenos opuestos.

Ocurre lo siguiente:

Los seres humanos queremos tener libre albedrío para sentirnos poderosos, no para sentirnos responsables y sobre todo para sentirnos diferentes de los demás seres vivos sobre quienes queremos o necesitamos sentirnos superiores.

Con esta fantasía universal en nuestras mentes estamos durante siglos utilizando la violencia para torcer los designios de la naturaleza hasta que, pasados algunos milenios fracasando, nos preguntamos: ¿Será inteligente seguir utilizando la violencia para evitar que ocurra lo que nos molesta?

Sueño con que tendré vida para ver alguno de esos cambios hacia la persuasión, la educación, la conveniencia, con abandono progresivo de la represión, las amenazas, los castigos.

Esta distorsión mística en mi cerebro racional está alentada porque la informática realmente puede lograr sistemas de organización y administración de la convivencia que estén adaptados a lo que somos en realidad y no como hasta ahora que aplicamos la violencia para que sean los seres humanos quienes nos adaptemos por la fuerza a los sistemas como si fueran perfectos

Todo haría pensar que si quitamos la prohibición de abortar en condiciones civilizadas a quienes deseen hacerlo, la cantidad de embarazos no deseados disminuirá, la cantidad de abortos también y la muerte de mujeres disminuirá.

Todo haría indicar que, si quitamos la prohibición de la venta y consumo de sustancias psicoactivas (cocaína, marihuana, anfetaminas), la demencial corrupción que genera el narcotráfico disminuirá.

La abundante población mundial indica que la prohibición del incesto es de las pocas prohibiciones que resultan sanamente estimulante.


(Este es el Artículo Nº 2.105)


viernes, 6 de diciembre de 2013

Monogamia y castración psicológica

  
La monogamia obligatoria les asegura, a la madre dominante y a su nuera también sometida, un varón psicológicamente castrado.

Nadie, (y mucho menos una mujer), sabe qué es una mujer. El deseo que las mueve es desconocido.

Como esto es angustiante, una mayoría sale corriendo a buscar simplificaciones que tapen el vertiginoso agujero de la incertidumbre. El tapón clásico a esta pregunta es: Una mujer es una madre.

Esta respuesta puede servir por un tiempo. Cuando el hijo comienza a tener vida propia la mujer vuelve a ser alguien que no sabe lo que quiere. Como ninguna sabe lo que quiere, entonces es posible afirmar que no se la puede conocer...y mucho menos otra mujer.

Una mujer mentalmente sana acepta estas incomodidades. Entra y sale de la etapa maternal sin generar una conmoción en su entorno, pero cuando esta mujer no es tan mentalmente sana comienza a generarse una turbulencia (social, familiar) en su entorno, que parece muy natural hasta que ella desaparece y los que quedan perciben que hay más tranquilidad que antes.

En agricultura, quien tiene las semillas subordina a quien tiene la tierra. Debido a la actual manipulación genética, los terratenientes dependen de los laboratorios.

Paralelamente, gobernar al semental es gobernar a las mujeres.

El hijo varón de una madre dominante (es decir, mentalmente no muy sana), seguramente será educado con gran rigor y funcionará como un obediente esclavo porque ella administrará su existencia hasta que la muerte los separe.

Claro que la prohibición del incesto le causará una cierta dificultad a esta propietaria del hijo varón. La madre tendrá que encontrar la manera de que alguna mujer, preferentemente elegida por ella, se convierta en la esposa del varón.

La monogamia obligatoria asegura a la madre dominante y a la esposa un varón sumiso, psicológicamente castrado.

(Este es el Artículo Nº 2.103)


sábado, 9 de noviembre de 2013

Sobre la escasez y la abundancia


Quizá la escasez beneficie nuestra salud, pero la vida parece más placentera cuando podemos satisfacer nuestras necesidades y deseos.

Al escuchar uno de mis videos me oí decir que la manera más efectiva de estimular alguna actitud en el ser humano hay que prohibírsela y me refería más concretamente a todo lo que, desde hace milenios, venimos haciendo con la sexualidad.

En ese video decía que la prohibición del incesto y el tabú que obstaculiza el deseo sexual han sido muy eficaces para lograr que nuestra especie sea muy abundante en ejemplares, lo cual no deja de ser la mayor de las riquezas.

Si fuera procedente compararnos con las demás especies deberíamos reconocer que somos la más próspera del planeta, aunque no tenemos datos sobre en qué situación están los microorganismos cuyo censo nos resulta impracticable.

Pero no solo llevándonos la contra entre nosotros logramos optimizar nuestro desempeño. Es posible observar que los pueblos que habitan regiones muy prósperas y paradisíacas (estoy pensando en las zonas tropicales y fértiles), no lucen muy trabajadores y ambiciosos, mientras que los más activos están en las regiones donde la naturaleza es menos paradisíaca (estoy pensando en las zonas frías y menos fértiles).

Por lo tanto, cuando tenemos una vida fácil vivimos en la pobreza y cuando tenemos una vida menos fácil, la lucha por superar las dificultades impuestas por el medio nos llevan a tener mejor calidad de vida.

Quizá sea un error, pero parece más cómoda la abundancia que logramos con nuestro esfuerzo que la escasez que pueda imponernos un hábitat precario.

Quizá la austeridad sea desagradable, aunque indirectamente beneficiosa, pero parece más cómodo tener varios televisores, una casa con varios dormitorios y varios baños, contar con una casa para vacacionar, que cada integrante de la familia disponga de su automóvil.

(Este es el Artículo Nº 2.055)


Más realistas que el rey


Quienes parecen ser «más realistas que el rey» son disimulados transgresores de la prohibición del incesto y de otras obligaciones.

Los seres vivos tenemos muchas formas y comportamientos que nos diferencian: aves, mamíferos, peces, vegetales, microbios. La variedad es muy grande.

Los humanos, como los demás seres vivos, también tenemos características que nos diferencian del resto.

Una de esas características es que nos observamos con especial atención, sin que podamos afirmar que las demás especies también lo hacen.

Algunos dicen que los humanos nos prohibimos el incesto para formar parte de los grupos (¿manadas?) que creamos y que llamamos «cultura».

Los antropólogos confirman que, de una u otra manera, en todas las culturas existe este requisito fundamental: a los integrantes se les impide satisfacer un deseo muy intenso: copular con algún pariente (madre, padre, hermano).

Por lo tanto, para que podamos disfrutar de los beneficios de ser considerados humanos, debemos cumplir el requisito de abstenernos de satisfacer un deseo tan fuerte como es el de formar una pareja conyugal con un familiar directo.

Claro que no somos tan sumisos como para respetar esta prohibición y quedarnos muy tranquilos. Nuestra cabecita inquieta y transgresora no para de inventar estrategias para hacer trampa, eludir la prohibición, pecar, delinquir.

Es que el precio de ser admitidos en la sociedad humana no solamente es la prohibición del incesto, después nos agregan sobre-precios tales como son respetar la propiedad privada, la monogamia, no mentir.

Estos abusos de los administradores sociales de turno, (gobernantes, padres, Estado, religiones, empleadores, maestros), nos generan dudas, incertidumbre, ansiedad, disconformidad, deseos de aumentar los intentos transgresores.

Como forma de eludir los costos que se agregan a la prohibición del incesto, algunos transgresores-simuladores parecen prohibirse más de lo que se les pide. De ellos decimos que «son más realistas que el rey».

(Este es el Artículo Nº 2.045)