miércoles, 7 de mayo de 2014

La conflictiva edípica y el capitalismo



 
Las personas voluntaristas, que afirman «Querer es poder», no hay resuelto aun su conflictiva edípica, esto es, no acepta de buen grado la prohibición del incesto.

El psicoanálisis no es una técnica aceptada entre personas que desean enriquecer.

El capitalismo se característica por la competencia feroz, es un sistema de convivencia en el que todos luchan contra todos, tratando de apoderarse de la mayor cantidad de territorio, dinero, bienes, derechos, servicios.

¿Por qué esto funciona? Solo para simplificar, respondo que funciona gracias a la conflictiva edípica, esto es, son mejores capitalistas quienes peor soportan la frustración sexual que les impuso la prohibición del incesto.

Dicho de otro modo: son capitalistas mejor adaptados al sistema y potencialmente más exitosos aquellos que nunca terminen de aceptar que algunas cosas no pueden hacerse, porque están prohibidas, porque la sociedad lo ha determinado así.

A los reyes de la intolerancia a la frustración se los reconoce porque se enorgullecen diciendo «Querer es poder». Estas personas no han logrado aceptar que algunos no podrán ser sus objetos sexuales por más que ellas lo deseen.

Esta intolerancia ante las dificultades, ante las prohibiciones, ante las imposibilidades materiales, los convierten en obsesionados, capaces de hacer cualquier cosa, legal o ilegal, moral o amoral, con tal de satisfacer su capricho.

La irracionalidad de estos voluntaristas necios llega al nivel biológico: pueden negar, por ejemplo, que la madre no tiene pene. Pueden creer que el clítoris algún día crecerá para convertirse en pene.

De más estaría señalar el estado de desesperación en el que viven quienes tienen mal resuelta la conflictiva edípica. Como menciono en este video y artículo, si esa desesperación edípica se canaliza hacia la satisfacción indirecta, por ejemplo, quienes no admiten la prohibición del incesto quieren ser los dueños del mundo, pueden dedicar insólitos esfuerzos a enriquecer, y eventualmente lo logran; pero eso sí, aquellos que han logrado resolver lo que les causa esta desesperación, no tendrán la dedicación suficiente.

En suma: quienes no están dispuestos a respetar la prohibición del incesto podrían convertirse en personas muy ricas, así como quien están dispuestas a respetarla quizá tengan una actitud menos ambiciosas, menos desesperada, de resultados menos espectaculares, pero sí tendrán una vida más tranquila, saludable, con menor consumo de medicamentos.

(Este es el Artículo Nº 2.182)

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La invasión territorial



 
Planteo como hipótesis que la prohibición del incesto es una norma necesaria para mejorar la actividad bélica de los pueblos invasores.

Estoy pensando que para explicar este tema serán necesarios varios videos con sus artículos complementarios.

El objetivo de tratarlo es mucho más fácil de explicar: si nosotros aceptamos recibir una orden tan importante como es la de no tener vínculo carnal con nuestros primeros objetos de amor, (padres, hermanos), necesitamos, como mínimo, alguna explicación que justifique una prohibición tan frustrante.

Desde hace milenios aceptamos esta norma inexplicable y no ha pasado nada grave, excepto que los humanos nos hemos criado en un estado de sumisión casi invalidante de nuestro intelecto, de nuestra capacidad crítica, de nuestra libertad creativa.

Para nada propongo que algún día terminemos con la prohibición, pero sí necesitamos revisar los justificativos de esta norma, tan esencial en nuestro desarrollo mental, psicológico, afectivo, sexual.

Estoy seguro que el ser humano puede llegar mucho más lejos en su desarrollo; es casi seguro que si comparamos la potencialidad estimada de nuestra inteligencia con los logros obtenidos, salta a la vista que podríamos haber crecido mucho más de lo que hemos crecido.

En este artículo les comento algo de lo que digo en el video de igual título.

Propongo pensar que esta prohibición existe porque antiguamente era necesario que los guerreros invasores pudieran violar a las mujeres de los territorios conquistados, para dejarlas embarazadas e instalar así una nueva generación de descendientes de los invasores.

Los varones, en condiciones normales, no tienen una erección si no son estimulados por la mujer que los desea como padres de sus hijos. Las mujeres violadas difícilmente estimulen a sus raptores. Por lo tanto, los militares deberán haber sido frustrados en sus deseos sexuales hacia la madre y las hermanas para que, ante una mujer que se opone al coito, lograr una erección imaginando que la cautiva es la madre o la hermana.

En suma: la prohibición del incesto pudo haber sido implementada para que los guerreros desearan a las mujeres de su familia, no pudieran satisfacer ese deseo y luego pudieran violar a las mujeres de los pueblos conquistados, imaginando que estas eran sus familiares prohibidos.

En tiempos de paz, esa frustración siempre se resolvió mediante la profesión más antigua: la prostitución. Un varón puede tener una erección con una prostituta si imagina que ella es su madre o su hermana. Sin esta fantasía, difícilmente podría penetrarla.

De manera aún más resumida: la prohibición del incesto es una norma necesaria para mejorar la actividad bélica de los pueblos.

(Este es el Artículo Nº 2.199)

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La prohibición del incesto y Dios



 
Tener que aceptar la infundamentada prohibición del incesto y la indemostrable creencia en Dios, hace que nuestro cerebro sea considerado un órgano defectuoso, en el que no podemos confiar. Esto explica por qué tantas personas son pobres porque no tienen capacidad para ganarse la vida.

Somos educados para ser pobres y esa educación quizá sea de las más efectivas, porque nos llegó por el lado del autoritarismo.

Cuando un niño pregunta por qué no puede tocar a la hermana y dónde está Dios, se le dan respuestas descabelladas, insólitas, y fundamentalmente erróneas.

En esos temas tan importantes como son la sexualidad y la noción de cómo es la realidad en la que tenemos que actuar, recibimos órdenes injustificadas o explicaciones indemostrables.

Esto nos sume en el primitivismo, en la obediencia de esclavo. Nos imponen ideas, que a todas luces son arbitrarias y seguidamente se nos amenaza con severos castigos, ya sea si transgredimos la prohibición o si desconocemos a Dios.

Es una educación humillante en la que se nos confirma que nuestro intelecto, nuestro cerebro, funcionan mal.

Para cualquiera es normal que si el cerebro falló una vez, por ejemplo, en no entender por qué una niña no puede tener hijos con el hombre que más ama pues, casualmente, es el padre y luego falla otra vez porque no logra entender qué es eso de Dios, quien nos mira sin que podamos verlo, quien nos oye sin que podamos oírlo y otras asimetrías por el estilo, si el cerebro nos falla en dos ocasiones tan importantes, es normal que dejemos de creer en nuestras ideas, en nuestras opiniones, en nuestras decisiones, en nuestros sentimientos, en nuestras percepciones sensoriales.

La inseguridad que nos provocan estas dos arbitrariedades impuestas por la fuerza, nos predispone a no ser capaces de ganarnos la vida, a no ser capaces de ofrecer nuestro trabajo, a no animarnos a negociar un salario, a no saber buscar con quien formar una familia, a temer que nuestros consejos perjudiquen a nuestros hijos.

En suma: estas dos groseras irregularidades vigentes en nuestra cultura (prohibición del incesto y Dios), forzosamente generan civilizados particularmente inseguros, emocionalmente inmaduros e intelectualmente subdesarrollados.

(Este es el Artículo Nº 2.177)

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viernes, 11 de abril de 2014

No sabemos por qué está prohibido el incesto


Cuando encuentre alguna explicación sobre la prohibición del incesto tenga en cuenta que es una hipótesis, solo una hipótesis: no es la verdad.

Para los niños y los animales, el incesto no existe. Mejor aun: para la Naturaleza no existe el incesto. Las especies se reproducen juntándose un macho con una hembra, en ciertas épocas, cuando las hembras lo determinan (período de celo, período de ovulación).

Por lo tanto, la prohibición del incesto es un producto de las culturas. El hecho de que en casi todas las culturas, (dije ‘casi todas’, no dije ‘todas’), esté presente esta norma no asegura que sea correcta, ni mucho menos natural.  

Cuando los adultos observan los deseos eróticos de los niños hacia familiares directos (padres, hermanos, tíos), entran en pánico.

Un adulto en estado de pánico puede hacer cualquier desastre porque se vuelve loco. Los escándalos que ocurren dentro de las familias por este tipo de reacciones neuróticas graves (el pánico por el posible incesto), suelen ocultarse de forma categórica.

«De esto que pasó no se habla más ¿quedó claro?», dice alguien con suficiente poder y todo el mundo acata sin chistar porque, lo que ocurrió fue gravísimo.

En realidad no ocurrió, ni estuvo a punto de ocurrir, nada que esté fuera de las normas de la Naturaleza. Nadie es un desnaturalizado, solo la visión cultural lo considera aberrante.

La locura de los adultos, aterrados por lo que ocurrió o casi ocurre, es contagiosa y deja marcas imborrables en el inconsciente de quienes viven la situación. Como esta tragedia debe ocultarse, parece caer en el olvido pero algo significativo queda activado: el pequeño que actuó naturalmente se quedará con la sensación de que su instinto lo traicionó, lo indujo a querer hacer algo terriblemente prohibido, que le acarreó gritos, insultos, golpes, penitencias, condenas, sanciones, reprobación, gestos de furia y de desprecio.

Pero todo esto solo sería grave si no fuera porque además el pequeño no recibe ningún tipo de explicación que pueda comprender. Por no recibir ninguna explicación que él pueda entender, el hecho se convierte en gravísimo.

Estas situaciones que ocurren en casi todas las familias, se viven con honda mortificación. El secreto familiar hace que cada uno se sienta el único ser monstruoso del planeta. El golpe que recibe sobre su autoestima es feroz. La obligación de olvidar convierte a esta historia universal en un sentimiento vitalicio de calvario personal.

Ni yo ni nadie sabe por qué existe la prohibición del incesto y sus lamentables consecuencias.

Recuerde esto: cuando encuentre alguna explicación sobre la prohibición del incesto tenga en cuenta que es una hipótesis, solo una hipótesis: no es la verdad.

(Este es el Artículo Nº 2.192)


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sábado, 8 de marzo de 2014

Vestimenta y población mundial


Si por algún motivo a los humanos se nos ocurriera enlentecer el crecimiento demográfico sería esperable que la desnudez se convirtiera en moda.

No creo que exista otro animal, grande como los humanos, que tenga una población tan abundante como la nuestra: somos 7.000 millones de ejemplares.

Hago énfasis en el tamaño porque los roedores, los insectos, los microbios, seguramente son muchos más.

Dando por aceptada esta afirmación, me pregunto cómo hicimos para llegar a este dominio, siendo que somos tan débiles, prematuros y dependientes.

Propongo una sola idea aunque manifestada por dos ejemplos. Somos tantos por nuestro apego a lo prohibido.

Efectivamente: La prohibición del incesto quizá sea la causa de la que menos se habla. El incesto es un tabú, tanto para practicarlo como para hablar de él. Por ese motivo somos tan prolíficos y amantes de copular.

La prohibición de mostrarnos sin ropas quizá sea la causa de la que mucho se habla pero sin considerarla como un factor que favorece la conservación de la especie.

Obsérvese que cuando estamos más desvestidos, cubrimos los genitales y, en la mujer, los senos, por tratarse de algo intensamente asociado a nuestra primera infancia.

No poder ver ni los genitales de ambos sexos ni los senos es algo tremendamente erótico. Si los viéramos continuamente perderíamos casi todo el interés por ellos y, me animo a pronosticar, no seríamos 7.000 millones sino muchos menos.

También me animo a pronosticar algo más: si por algún motivo a los humanos se nos ocurriera enlentecer el crecimiento demográfico sería esperable que la desnudez se convirtiera en moda.

(Este es el Artículo Nº 2.157)


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Sobre demonios interiores y consumismo

El dinero no es diabólico. Es para evitar los demonios interiores que tanta gente trabaja, ahorra y consume obsesivamente.

Hay quienes se empeñan en vivir sin dinero.

Consideran que este instrumento de canje, esta mercadería polivalente, esta especie de comodín que todos aceptan en cualquier intercambio, genera una especie de maleficio que nos hace perder la cabeza, nos esclaviza, corrompe, envilece.

Muchas personas piensan esto y no me animaría a decir que están equivocadas, pero sin embargo propondré otra explicación de por qué el dinero parece diabólico.

¿Alguna vez oyó hablar de los demonios interiores?

Son una representación fantástica de los remordimientos, de los recuerdos tristes, perturbadores, de las ideas persecutorias, de los impiadosos deseos de venganza. También son las ideas fijas, las preocupaciones, los celos incendiarios, los deseos prohibidos de incesto o los socialmente condenados de homosexualidad. Dichos demonios interiores también son el miedo a enloquecer, a contraer una enfermedad grave, terminal o invalidante; se incluyen los miedos a ser abandonados por un ser querido, a caer en la ruina económica, a  cometer una locura (tirarnos por una ventana, embestir a un peatón, matar a un niño).

Ahora volvamos al deseo de eliminar el dinero porque parece diabólico.

Antes del dinero está el tiempo trabajado. El dinero es trabajo: no es otra cosa. Tiempo ocupado en producir.

Como ya habrá adivinado, mi hipótesis consiste en pensar que los demonios interiores se desatan, atacan y molestan cuando no estamos entretenidos, ocupados, atentos a alguna tarea. Es el aburrimiento lo que habilita la esclavitud a los horrores diabólicos, no el dinero.

Mientras estamos ocupados (produciendo dinero), los demonios no molestan. Por este motivo muchas personas no quieren tomarse vacaciones: temen enloquecer.

El consumismo y la avaricia no son enfermedades en sí mismas, son un recurso utilizado por quienes no se animan a estar solos consigo mismos. Quienes conviven pacíficamente con sus pensamientos, pueden ser haraganes, ascetas, ermitaños, austeros, sobrios, frugales, nunca ahorrativos, nunca avaros ni consumistas.

(Este es el Artículo Nº 2.111)


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lunes, 27 de enero de 2014

La prohibición del incesto es excepcional


La prohibición del incesto es una excepción a la regla de que las prohibiciones son contraproducentes.

En otro artículo (1) les comentaba que la violencia es tan barata como ineficiente.

Hoy agrego: es ineficiente para lograr los objetivos que directamente parece proponerse pero es muy eficiente para generar los fenómenos opuestos.

Ocurre lo siguiente:

Los seres humanos queremos tener libre albedrío para sentirnos poderosos, no para sentirnos responsables y sobre todo para sentirnos diferentes de los demás seres vivos sobre quienes queremos o necesitamos sentirnos superiores.

Con esta fantasía universal en nuestras mentes estamos durante siglos utilizando la violencia para torcer los designios de la naturaleza hasta que, pasados algunos milenios fracasando, nos preguntamos: ¿Será inteligente seguir utilizando la violencia para evitar que ocurra lo que nos molesta?

Sueño con que tendré vida para ver alguno de esos cambios hacia la persuasión, la educación, la conveniencia, con abandono progresivo de la represión, las amenazas, los castigos.

Esta distorsión mística en mi cerebro racional está alentada porque la informática realmente puede lograr sistemas de organización y administración de la convivencia que estén adaptados a lo que somos en realidad y no como hasta ahora que aplicamos la violencia para que sean los seres humanos quienes nos adaptemos por la fuerza a los sistemas como si fueran perfectos

Todo haría pensar que si quitamos la prohibición de abortar en condiciones civilizadas a quienes deseen hacerlo, la cantidad de embarazos no deseados disminuirá, la cantidad de abortos también y la muerte de mujeres disminuirá.

Todo haría indicar que, si quitamos la prohibición de la venta y consumo de sustancias psicoactivas (cocaína, marihuana, anfetaminas), la demencial corrupción que genera el narcotráfico disminuirá.

La abundante población mundial indica que la prohibición del incesto es de las pocas prohibiciones que resultan sanamente estimulante.


(Este es el Artículo Nº 2.105)


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